Se conocieron un martes que nadie recuerda,
en una fila de banco que no avanzaba;
él contó un chiste malo, ella no se reía,
y aun así le dio su número.
Tres años de mensajes a media noche,
un viaje a la playa que salió mal,
una renta compartida, un perro flaco,
y una pregunta con el mar de testigo.
Hoy que se dicen que sí delante de todos,
les cantamos lo que ya sabíamos:
que hay historias que empiezan sin permiso
y se quedan para siempre.
Los de la prepa seguimos aquí,
gritando en la boda como en el patio.
Hoy que se dicen que sí delante de todos,
les cantamos lo que ya sabíamos:
que hay historias que empiezan sin permiso
y se quedan para siempre.
Que vivan los novios.